Anticivilización

La serie de los Simpsons ofrece un retrato, o quizás una autopsia, de una familia de la clase trabajadora de nuestros días en los Estados Unidos de América, una familia gringa; y entre los personajes, la figura del padre corresponde a la tipología de un obrero negligente de mediana edad, adicto al consumo de carbohidratos y grasas sintetizados en las donas o rosquillas glaseadas…

Una elocuente imagen de la decadencia de la civilización y de la muerte de la cultura de hoy, el epítome de la anticivilización y de la contracultura, la estandarización de los antivalores: pereza, búsqueda desenfrenada por el placer y el confort, inactividad e indiferencia frente a la propia vida; acidia o flojedad espiritual, molicie ensordecedora, que definieron los clásicos como aurea mediocritas, es decir, dorada y atractiva mediocridad, que, sin embargo, vacía y mata.

RUBICÓ ha mexicanizado la representación de esta dona, incorporando a la imagen pequeñas y coloridas calaveras, contrapuestas radicalmente a la semántica norteamericana: en efecto, símbolo por excelencia de la mexicanidad, la calavera ha sido imagen de guerra y poder, como testimonian los tzompantlis, murallas creadas por los guerreros indígenas con los cráneos de los enemigos en combate, o bien de víctimas propiciatorias, que por ello mismo poseen una elocuente dimensión espiritual, al enlazar el mundo terrenal con el más allá.

Dancer

Mexicanismo

Así como las calaveras tienden un puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos, en esta propuesta artística son amalgamados dos conceptos contrapuestos: por un lado, la superficialidad y la indiferencia, y por otro, la lucha incansable y la celebración de la vida incluso después de la muerte, dualidad también identificable en los rasgos distintivos del panda, cuya apariencia, colores y expresión los muestran como animales pacíficos y entrañables, que sin embargo responden con vehemencia al verse amenazados, tenacidad que sin duda habrá favorecido que la especie hoy ya no sea catalogada entre aquellas en peligro de extinción.

Los mexicanos somos reconocidos en todo el mundo por nuestra calidez: somos amigables, divertidos y buenos anfitriones, solemos abrir nuestras casas y corazones sin hacernos muchas preguntas, pero respondemos con contundente valor cuando se nos lastima, cuando nuestro círculo próximo es amenazado.

La elección de RUBICÓ por estos símbolos parte de que toda creación cultural proviene del espíritu, primeramente del artista que le da vida, pero también de la cultura a la que pertenece, de modo que optar por estas imágenes, representa la filosofía de nuestro movimiento, incluyente, conciliador y armónico, en este caso dotándolas de un nuevo significado e insertándolas en un discurso construido a la mexicana, que teniendo en mente las palabras de César al traspasar los límites de la Galia Cisalpina, rompe esquemas y estereotipos y se atreve a ser un mexicano audaz y osado.

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